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Adelantados a su Tiempo

El Kindle que llegó 9 años demasiado pronto

En 1998 ya existían lectores electrónicos capaces de almacenar varios libros y descargarlos desde una computadora. El Rocket eBook se adelantó casi una década al Kindle y mostró cómo podía ser el futuro de la lectura digital.

Publicado el 11 de septiembre de 2026
El Kindle que llegó 9 años demasiado pronto

En 1998, cuando la mayoría de las personas todavía compraba libros de papel, una pequeña empresa de Silicon Valley presentó un aparato que parecía salido del futuro. Tenía forma de libro, una pantalla electrónica, memoria para almacenar varios títulos y hasta un lápiz para marcar las páginas.

No era un prototipo escondido en un laboratorio. Se podía comprar.

Se llamaba Rocket eBook y apareció casi una década antes de que Amazon lanzara el Kindle.

Un libro que no necesitaba papel

El Rocket eBook fue creado por NuvoMedia, una empresa fundada en Palo Alto en 1997. La idea era bastante ambiciosa para la época: crear un dispositivo dedicado exclusivamente a leer libros digitales y desarrollar alrededor de él un nuevo sistema para comprar y distribuir contenido por Internet.

El aparato tenía el tamaño aproximado de un libro de bolsillo y pesaba unos 570 gramos. Utilizaba una pantalla LCD monocromática y podía almacenar alrededor de diez libros. También permitía buscar palabras, cambiar el tamaño del texto, colocar marcadores y hacer anotaciones con un lápiz electrónico.

En septiembre de 1998, Los Angeles Times describía el dispositivo como un pequeño aparato con forma de libro capaz de almacenar el equivalente a diez o incluso cientos de volúmenes, dependiendo del modelo y del contenido. La idea de llevar una biblioteca dentro de un dispositivo portátil ya estaba ahí.

Lo que hoy parece completamente normal, en aquel momento resultaba bastante extraño.

Había que “cargar” los libros

El funcionamiento también era muy diferente al de un Kindle actual.

El Rocket eBook no tenía Wi-Fi ni podía conectarse directamente a una tienda online. Para cargar los libros había que conectar el dispositivo a una computadora mediante una base especial llamada Rocket eBook Cradle.

Desde allí se transferían los libros digitales al aparato.

La compañía quería crear algo más grande que un simple lector: una nueva forma de distribuir libros. Los usuarios podían comprar títulos digitales a través de librerías online y descargarlos para leerlos en el dispositivo. Entre los inversores de NuvoMedia estaban Barnes & Noble y Bertelsmann, dos nombres enormes de la industria editorial.

El concepto era sorprendentemente parecido al que años después popularizarían los lectores electrónicos modernos: comprar un libro digital y llevarlo encima sin necesidad de transportar el ejemplar físico.

Y no estaba solo

El Rocket eBook tuvo además un competidor casi inmediato.

En 1998 apareció el SoftBook Reader, desarrollado por SoftBook Press. Era todavía más parecido a la idea de un libro electrónico conectado a Internet: tenía una pantalla táctil en blanco y negro y, algo especialmente llamativo para la época, un módem incorporado.

Eso significaba que podía conectarse directamente a una línea telefónica para descargar libros y publicaciones sin necesidad de pasar primero por una computadora. También podía recibir periódicos y revistas mediante suscripciones.

En otras palabras, a finales de los 90 ya había empresas intentando resolver prácticamente el mismo problema que después resolverían los lectores electrónicos modernos: cómo conseguir libros digitales y llevarlos cómodamente a un dispositivo diseñado para leerlos.

Entonces, ¿por qué no triunfaron?

El problema no era solamente la tecnología.

Los aparatos eran caros. El Rocket eBook costaba alrededor de 499 dólares, una cifra considerable para un dispositivo que solamente servía para leer. Además, las tiendas digitales todavía tenían una oferta limitada y las editoriales apenas estaban empezando a descubrir cómo vender libros electrónicos. También existían preocupaciones sobre la piratería y los derechos de autor.

La idea estaba adelantada, pero el mundo todavía no estaba preparado para ella.

Las conexiones a Internet eran lentas, los dispositivos tenían pantallas LCD bastante primitivas y todavía no existía un mercado masivo de libros digitales. Faltaba prácticamente todo el ecosistema que años después haría posible que un lector electrónico se convirtiera en un producto cotidiano.

El futuro llegó demasiado pronto

En 2000, Gemstar compró NuvoMedia y SoftBook y posteriormente lanzó nuevos lectores basados en aquellas tecnologías. Pero las ventas siguieron siendo muy inferiores a las expectativas y la compañía terminó abandonando el negocio de los lectores electrónicos en 2003.

El gran cambio llegaría después.

En 2007, Amazon presentó el Kindle y consiguió algo que aquellos pioneros de 1998 no habían logrado: combinar un dispositivo cómodo con una enorme tienda digital, una infraestructura de distribución y un catálogo suficientemente grande para que comprar libros electrónicos resultara sencillo.

Pero la idea no nació en 2007.

Ya estaba allí casi diez años antes.

En 1998, mientras Internet todavía sonaba como algo nuevo para millones de personas, alguien había pensado que un libro podía dejar de ser un objeto de papel y convertirse en una pequeña computadora dedicada a la lectura.

El problema es que el futuro había llegado demasiado pronto.

Y quizás esa sea la mejor definición de un invento adelantado a su tiempo: no necesariamente es una mala idea.

A veces simplemente aparece antes de que el mundo esté preparado para usarla.

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