El día que una cafetera se convirtió en una estrella de Internet
En 1991, una simple cafetera de la Universidad de Cambridge terminó convirtiéndose en una de las primeras imágenes transmitidas por la Web y en el origen de la primera webcam.

La primera webcam de la historia no apuntaba a una calle, ni a una ciudad, ni a un paisaje. Apuntaba a una cafetera.
Y no la instalaron para que millones de personas pudieran verla. En realidad, la razón era bastante más sencilla: unos investigadores estaban cansados de caminar hasta la máquina de café para descubrir que estaba vacía.
Ocurrió en 1991, en el Computer Laboratory de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Allí, un pequeño grupo de investigadores encontró una solución tan simple como ingeniosa: colocar una cámara frente a la cafetera y enviar la imagen a las computadoras del laboratorio.
Nadie podía imaginarlo todavía, pero aquella máquina de café estaba a punto de convertirse en una de las imágenes más curiosas de los primeros años de Internet.
Todo por no caminar hasta el café
El problema parecía insignificante, pero para quienes trabajaban en el laboratorio podía resultar bastante molesto. La cafetera estaba ubicada en otra habitación y los investigadores pasaban muchas horas frente a sus computadoras. Levantarse, caminar hasta allí y descubrir que alguien había tomado la última taza era una pequeña frustración que se repetía una y otra vez.
En 1991, Quentin Stafford-Fraser y Paul Jardetzky decidieron solucionarlo utilizando la tecnología que tenían a su alcance.
Instalaron una cámara apuntando directamente hacia la Trojan Room Coffee Pot, como era conocida aquella cafetera, y desarrollaron un sistema para que las computadoras conectadas a la red local pudieran consultar la imagen.
La idea era simple: en lugar de levantarse de la silla, bastaba con mirar la pantalla.
Pero aquella cámara tenía poco que ver con las webcams actuales.
No había video en alta definición ni transmisión en tiempo real. La imagen era pequeña, en blanco y negro y tenía una resolución de apenas 128 × 128 píxeles. Una computadora capturaba la imagen de la cámara y un programa permitía que los usuarios del laboratorio pudieran verla desde sus propios equipos.
Para 1991, sin embargo, aquello era bastante avanzado.
Una cafetera que salió del laboratorio
Durante un tiempo, la cámara fue simplemente una herramienta para los investigadores de Cambridge.
Hasta que Internet empezó a cambiar las posibilidades.
En los primeros años de la década de 1990, la World Wide Web comenzaba a expandirse y los navegadores empezaban a incorporar imágenes dentro de las páginas. Eso abrió una posibilidad que unos años antes habría resultado mucho más complicada: hacer que aquella imagen pudiera ser consultada desde fuera del laboratorio.
En 1993, los investigadores Daniel Gordon y Martyn Johnson adaptaron el sistema para que la imagen pudiera solicitarse mediante HTTP y verse a través de la Web.
De repente, aquella cafetera ya no pertenecía solamente a Cambridge.
Podía verla cualquier persona que tuviera acceso a Internet y supiera dónde encontrarla.
Y eso produjo algo completamente inesperado.
¿Por qué alguien quería mirar una cafetera?
Hoy puede resultar difícil entender qué tenía de especial.
Estamos acostumbrados a cámaras que transmiten imágenes desde cualquier lugar del planeta. Podemos mirar una calle, una playa, un zoológico o una ciudad en tiempo real desde una computadora o un teléfono.
Pero en los años 90, ver una imagen actualizada de algo que estaba ocurriendo en otro lugar a través de una computadora todavía tenía algo de mágico.
Y la cámara de Cambridge tenía además un atractivo inesperado: no mostraba nada espectacular.
Mostraba una cafetera.
Personas de todo el mundo comenzaron a entrar en la página simplemente para comprobar si la máquina estaba llena o vacía. Algunos lo hacían por curiosidad. Otros querían entender por qué alguien había conectado una cámara a algo tan cotidiano.
La cafetera había dejado de ser una solución para los investigadores y se había convertido en una pequeña celebridad de la Web.
Incluso recibió visitantes suficientes como para convertirse en una de las curiosidades más conocidas de aquella Internet todavía joven.

Diez años mirando la misma cafetera
La cámara continuó funcionando mientras Internet cambiaba rápidamente.
En pocos años, las conexiones comenzaron a hacerse más comunes, aparecieron nuevos navegadores y la Web pasó de ser una herramienta utilizada principalmente por universidades y centros de investigación a convertirse en un fenómeno mucho más grande.
Pero la cafetera seguía allí.
La historia llegó incluso a formar parte de la cultura tecnológica de aquellos años. En 1998, Larry Masinter publicó como broma un protocolo llamado HTCPCP, inspirado en la idea de controlar cafeteras a través de Internet. El nombre completo era Hyper Text Coffee Pot Control Protocol.
Era una parodia, pero resultaba especialmente apropiada para una cafetera que ya se había convertido en una especie de símbolo de la Internet temprana.
Finalmente, el experimento llegó a su fin.
El laboratorio de Cambridge se trasladó a otro edificio y el 22 de agosto de 2001, después de aproximadamente una década de funcionamiento, la cámara fue desconectada.
La noticia de su apagado llegó incluso a medios internacionales. Después de todo, aquella no era simplemente una cámara cualquiera.
Era una pieza de la historia de Internet.
Antes de las cámaras que hoy tenemos en todas partes
La Trojan Room Coffee Pot no inventó por sí sola todas las tecnologías que hicieron posibles las webcams modernas. Su importancia está en otro lugar.
Demostró, de una manera sencilla y casi accidental, que una cámara podía capturar una imagen y ponerla a disposición de otras personas a través de una red y, posteriormente, de la Web.
Lo extraordinario es que nadie había planeado convertir aquella cafetera en un fenómeno de Internet.
Todo comenzó con un problema cotidiano: unos investigadores querían evitar una caminata inútil.
La solución fue colocar una cámara.
Y mientras Internet todavía estaba descubriendo qué podía llegar a ser, aquella pequeña imagen en blanco y negro empezó a mostrarle al mundo algo que hoy nos parece completamente normal: ver desde una computadora lo que está ocurriendo en otro lugar.
La primera webcam de la historia no mostró una ciudad, un paisaje ni un acontecimiento extraordinario.
Mostró una cafetera.
Y quizás esa sea la parte más curiosa de toda la historia: una de las primeras estrellas de Internet no fue una persona, una empresa ni un sitio famoso.
Fue una máquina de café que simplemente estaba ahí.


