Cuando saber la hora significaba hacer una llamada
¿Llamar por teléfono para saber la hora? Antes de Internet y los celulares era algo completamente normal. Una voz grabada podía decirte la hora exacta con solo marcar un número.

Antes de mirar el celular, antes de tener un reloj digital en cada aparato de la casa y mucho antes de preguntarle la hora a Internet, había una solución bastante curiosa: levantar el teléfono y llamar.
Del otro lado no contestaba una persona. Una voz grabada decía la hora exacta.
Durante décadas, los servicios de “hora hablada” o “Speaking Clock” funcionaron en distintos países y se convirtieron en una parte habitual de la vida cotidiana. En una época en la que unos pocos segundos podían ser importantes, bastaba con marcar un número para saber exactamente qué hora era.
Una llamada que no era para hablar
La idea apareció mucho antes de los años 80. Francia inauguró su servicio de hora hablada en 1933 en colaboración con el Observatorio de París, considerado el primer sistema telefónico automatizado de este tipo.
En Reino Unido, el servicio comenzó en 1936. Los usuarios de determinadas ciudades podían marcar las letras TIM, correspondientes a las primeras letras de “time” en los antiguos teléfonos con disco, y escuchar una voz anunciando la hora. El servicio se extendió posteriormente a todo el país.
Con el tiempo, otros países desarrollaron sus propios sistemas. Australia, por ejemplo, utilizó durante décadas el número 1194 para acceder a su Speaking Clock. En 1990 reemplazó su antiguo sistema por uno digital.

La voz también se volvió famosa
En Reino Unido ocurrió algo curioso: la voz que anunciaba la hora terminó convirtiéndose en parte de la cultura popular.
La primera fue Jane Cain, desde 1936 hasta 1963. Después llegó Pat Simmons. Y en 1985 apareció Brian Cobby, la primera voz masculina del servicio británico. Su anuncio comenzaba con la famosa fórmula que indicaba que, al tercer tono, llegaría la hora exacta.
Para millones de personas, aquella voz era simplemente la voz que decía la hora.
¿Para qué llamaba tanta gente?
Hoy parece innecesario. Si queremos saber la hora, miramos cualquier pantalla.
Pero antes no siempre había un reloj cerca. Un reloj de pulsera podía estar atrasado o adelantado y los relojes domésticos tampoco eran necesariamente precisos. La llamada permitía comprobarlos y ponerlos en hora.
En Reino Unido, el servicio llegó a registrar cantidades enormes de llamadas. Durante su primer año recibió millones de consultas, y décadas después continuaba siendo utilizado regularmente.
Incluso la precisión era parte del atractivo: el sistema británico de los años 80 podía mantener una exactitud de unos pocos milisegundos.
Entonces llegó el mundo digital
Durante los años 80 y 90, la tecnología comenzó a hacer que aquella llamada fuera cada vez menos necesaria.
Los relojes digitales se hicieron comunes. Después llegaron las computadoras personales, los teléfonos celulares e Internet. Poco a poco, la hora exacta comenzó a aparecer prácticamente en cualquier pantalla.
La vieja llamada telefónica empezó a parecer absurda.
Pero el servicio no desapareció inmediatamente. En Reino Unido, por ejemplo, el Speaking Clock continuó funcionando incluso en la era digital; actualmente se accede mediante el número 123.
Francia mantuvo su histórica Horloge Parlante durante casi 90 años, hasta que finalmente dejó de funcionar por teléfono en 2022 y la hora legal pasó a consultarse por Internet.
Hoy parece increíble pensar que alguna vez necesitábamos hacer una llamada para saber qué hora era.
Pero durante buena parte del siglo XX, escuchar una voz al otro lado del teléfono decirte la hora exacta era tecnología de punta.
Y probablemente muchos niños de los 80 y 90 jamás imaginaron que algún día esa misma pregunta tendría una respuesta en la pantalla que llevaban en el bolsillo.
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