En 1985 podías llevar tu identificación pegada a un diente
En 1984, un dentista y un detective crearon una extraña forma de identificación: un diminuto disco de plástico adherido a un diente para almacenar datos personales y ayudar a identificar a niños desaparecidos o personas que no pudieran identificarse.

En los años 80, llevar una identificación significaba tener una tarjeta, una billetera o algún documento encima. Pero hubo un invento que llevó esa idea a un lugar bastante más extraño: un pequeño disco de plástico que podía quedar adherido a un diente y contener información capaz de identificar a una persona.
El dispositivo se llamaba Maxwell-Conover Micro Informational Disc y había sido desarrollado por el dentista Jeffrey Maxwell, de Pekin, Illinois, junto con el sargento detective de policía Jim Conover. Para noviembre de 1984, el invento ya había llegado a los consultorios dentales y se estaba ofreciendo como una nueva forma de identificación, especialmente pensada para niños que pudieran desaparecer o ser encontrados sin poder proporcionar sus datos.
La idea surgió a partir del trabajo forense que Maxwell y Conover habían realizado identificando personas vivas y fallecidas. Maxwell contó a Associated Press que ambos habían trabajado con información dental relacionada con niños desaparecidos y que se habían encontrado con un problema recurrente: una identificación convencional podía perderse, quedar en casa o incluso ser retirada de la persona.
La solución que imaginaron era bastante sencilla. Si la identificación quedaba adherida a un diente, resultaba mucho más difícil perderla accidentalmente. El disco podía colocarse en el lateral de un diente posterior mediante un procedimiento odontológico que no requería perforar el diente. Según Maxwell, podía retirarse posteriormente y la información podía observarse utilizando una lupa.
Y no se trataba de un microchip. El dispositivo era, literalmente, una pequeña pieza de plástico. La información estaba destinada a poder identificar al portador y podía incluir datos como su nombre, dirección, número telefónico y determinada información médica. Maxwell explicaba que podía resultar útil si una persona llegaba inconsciente a una sala de emergencias y no podía decir quién era. También pensaban en niños que fueran encontrados sin poder proporcionar sus datos, así como en personas mayores, víctimas de amnesia y otros pacientes que pudieran tener dificultades para identificarse.
El tamaño era parte fundamental de la idea. Una fuente contemporánea posterior describió el disco como un elemento plástico de aproximadamente 2,5 milímetros y señaló que podía contener nombre, dirección, teléfono, contacto familiar e información médica. También explicaba que podía extraerse con un instrumento dental y leerse con una lupa potente.
Lo más llamativo es que el invento no quedó solamente como una curiosidad experimental. Una nota de Associated Press publicada el 25 de noviembre de 1984 informó que los discos ya se habían puesto a la venta en julio de ese mismo año y que más de 1.000 habían sido vendidos a dentistas de distintos estados. Un grupo odontológico de O'Fallon, Illinois, incluso había comenzado a ofrecer el procedimiento a sus pacientes.
El disco tenía un precio de 10 dólares, mientras que algunos dentistas cobraban el procedimiento como un servicio. Uno de los grupos que comenzó a utilizarlo había aplicado alrededor de 50 discos cuando Associated Press realizó el reportaje. La respuesta, sin embargo, no parecía estar siendo masiva.
La motivación principal detrás del invento era el problema de los niños desaparecidos. Maxwell había explicado que él y Conover buscaban algo que una persona no pudiera simplemente perder junto con su billetera o sus documentos. Un diente ofrecía una ubicación permanente y discreta para la identificación, sin necesidad de llevar una tarjeta encima.
Y existe una fotografía de época que hace que esta historia resulte todavía más increíble. La imagen publicada junto con la información de Associated Press muestra un primer plano de dientes y el pequeño disco de identificación adherido a uno de ellos. La propia leyenda de la fotografía lo presenta como una nueva herramienta de identificación dental utilizada por algunos dentistas.
Visto desde hoy, resulta fácil confundir aquel invento con alguna forma primitiva de microchip implantable. Pero no lo era. No transmitía señales, no tenía GPS, no almacenaba datos electrónicamente y no había ningún circuito escondido dentro del diente.
Era algo mucho más sencillo: un diminuto disco de plástico adherido a un molar para que una persona pudiera llevar información de identificación consigo incluso cuando no llevaba ninguna identificación convencional.
La idea puede parecer extraña, pero respondía a un problema muy concreto de aquella época. Antes de los teléfonos inteligentes, las bases de datos accesibles desde cualquier lugar y las identificaciones digitales, encontrar una forma de mantener los datos personales físicamente unidos a una persona podía parecer una solución sorprendentemente práctica.
Y durante los años 80, hubo personas que realmente llevaron sus datos de identificación pegados a un diente.


